
Notable fue Carlos Biestro por su solvencia académica, por la frecuentación de textos en lenguas diversas pero siempre ligada a la realidad que vivíamos dada su familiaridad con Castellani. La prolijidad, el orden y la puntualidad no eran su fuerte, pero ciertamente decía cosas que eran un gusto oír. Ciertamente era un pensador agudo y original. Hacia el final del Seminario de Ezcurra, se castellanizó demasiado, pasó a ver todas las cosas "sub specie castellanitatis".
Ramiro Sáenz hacía un gran aporte desde la espiritualidad que fervorosamente difundía y poseía un espíritu apostólico incansable.
Por qué será que las crónicas sanrafaelinas casi no mencionan a Kruk, cuando todo lo que se hizo fue gracias a su bendición. Semanalmente iba al Seminario a hablar con Ezcurra, quien era su interlocutor. Kruk era un hombre de pocas palabras, más bien taciturno, pero de convicciones profundas.
Alfredo Sáenz dio todo su apoyo al Seminario de Ezcurra, no vivió en él, pero lo difundía y de endía a lo largo y ancho del país. Tal Seminario era más en su mente que en la realidad. Me refiero a que la grandeza de visión de Sáenz muchas veces no estaba presente en los seminaristas, que en muchos casos tenían una mirada más pueblerina y comarcana de la cosa. Sáenz se jugó por el Seminario de Ezcurra y fue su gran apoyo externo.
El Seminario de Ezcurra existió, duró casi diez años, desde su llegada a San Rafael hasta su muerte, el 26-05-93. Siguió siendo su alma incluso cuando dejó el rectorado.

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