"Para Dios un día es como mil años, y mil años como un día", dice la Escritura. Para nosotros más importante que el año es el día, es la oportunidad maravillosa que poseemos para agradar al Señor y así santificarnos y hacer el bien a los demás.
El tiempo no transcurre al acaso, los medios reproducen los hechos apenas en parte, lo profundo, lo hondo, la Teología de la Historia se les escapa...por completo. Ésta es trascendente y aquellos son inmanentes. Una mirada superficial creería que el demonio y sus huestes ganaron ya, cuando en realidad sabemos que el Señor ya triunfó. Estamos lejos de la Pascua y ya su Navidad es triunfante. La furia de Herodes se inscribe en la de aquellos que se levantaron contra el Señor y su Ungido, en vano, ya que el recién nacido, indefectiblemente cumplirá su Misión Salvífica.
Viviremos un año completo, una sucesión de días espléndidos, por más nublado y gélido que se ponga. maravillosa ocasión para dejar que nuestros días queden transidos de la Presencia de Dios.
"A cada día le basta su propia kakía", "kakía" puede traducirse por "aflicción", "malicia" o "afán", hermosos vocablos para expresar lo que a diario nos ocurre.
Los momentos de plegaria e interioridad son momentos en que huimos del tiempo para refugiarnos en la eternidad, o bien para que ésta irrumpa en el tiempo presente curando, elevando y transfigurando. Los periodistas -cultores de los medios- son esclavos del tiempo fugitivo, de la realidad huyente y fluyente, cuya significación se les escapa por completo.


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