
En este verano para matizar me veo una peli todas las noches. Ésta no está mal, la banda sonora de Morricone es excelente, como siempre, el paisaje italiano también lo es. La vida del pueblo centrada en la Plaza y el viejo cine, más la permanente supervisión del cura párroco son pintorescas. El loco de la plaza es un personaje de talla.
Se toman la Liturgia para el churrete, qué pena y qué contraste con esa escena de El Padrino, cuando Al Pacino asiste a un Bautismo Vetus Ordo, mientras simultáneamente hace ejecutar a sus enemigos.
Aquí, el tano que la hizo profana la Misa y la Confesión. La vida del Toto es un fracaso, un diletante del cine, incapaz de formar una familia y de vivir vínculos permanentes, algo que se le grabó en el alma de las estrellas de Hollywood que aprendió a a amar de la mano de Alfredo, su guía en la vida.
Muy buena la evocación del viejo cine y la nostalgia de los tiempos vividos centradas en el edificio de Cinema Paradiso.

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