Durante años me tragué que el intelectual católico bien formado tenía que saber de todo, especialmente idiomas para poder ir a las fuentes, que de lo contrario sería un vulgar repetidor de manuales insulsos y de lugares comunes estereotipados. Por supuesto, el latín era obligatorio y había que manejarse con un par de lenguas modernas por lo menos. Tales estudios son largísimos y sus frutos escasísimos en relación a la inversión realizada, una pérdida de tiempo absoluta. Dicho de otro modo, de qué sirve saber tanto si está rota la cadena natural de la sabiduría, si ésta no es descendente de las respectivas jerarquías celestiales y humanas. Aquel ideal formativo de suyo es inobjetable, pero inviable en esta Babel post-conciliar. El intelectual que se maneje con las fuentes y eso que no me referí -aún- a las helénicas y hebreas, tendrá un alimento extraordinario, fuera de lo común, su mirada de las cosas y sucesos será más profunda y perpicaz; dispondrá de recursos mentales y espirituales superiores a los de sus contemporáneos. Tal acceso "ad fontes" le ayudará a ver confirmada su Fe por autoridades gigantescas, pero no le servirá absolutamente para nada más que eso.Será un testigo, sí, de la verdad en una época donde las cadenas de descenso de la sabiduría se han roto.1/10/08
Falsedad de la formación intelectual
Durante años me tragué que el intelectual católico bien formado tenía que saber de todo, especialmente idiomas para poder ir a las fuentes, que de lo contrario sería un vulgar repetidor de manuales insulsos y de lugares comunes estereotipados. Por supuesto, el latín era obligatorio y había que manejarse con un par de lenguas modernas por lo menos. Tales estudios son largísimos y sus frutos escasísimos en relación a la inversión realizada, una pérdida de tiempo absoluta. Dicho de otro modo, de qué sirve saber tanto si está rota la cadena natural de la sabiduría, si ésta no es descendente de las respectivas jerarquías celestiales y humanas. Aquel ideal formativo de suyo es inobjetable, pero inviable en esta Babel post-conciliar. El intelectual que se maneje con las fuentes y eso que no me referí -aún- a las helénicas y hebreas, tendrá un alimento extraordinario, fuera de lo común, su mirada de las cosas y sucesos será más profunda y perpicaz; dispondrá de recursos mentales y espirituales superiores a los de sus contemporáneos. Tal acceso "ad fontes" le ayudará a ver confirmada su Fe por autoridades gigantescas, pero no le servirá absolutamente para nada más que eso.Será un testigo, sí, de la verdad en una época donde las cadenas de descenso de la sabiduría se han roto.
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1 comentario:
Felicitaciones por el blog. Muy bueno!
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